Capitulo
V
En Puerto atraco, un Velero Ingles de nombre Drake, con un Ilustre Lord Zoilo Butterfield, viste un terno de tonalidad atigrado, en lana escocesa con una bufanda blanca, guantes del mismo color.
Al bajarse del yate Drake ordena que alcen vela, rumbo al norte al Puerto de Iquique, Lord viajara en el tren.
Llega a La Estación del Puerto, compra su ticket rumbo a la Estación Lo pintado. Bonachón rucio de mirada felina misteriosa, su andar es felino, inteligente, observadora, muy intuitiva de bigote blanco refinado, muy parlanchín bueno para la buena mesa.
Hace su ingreso a Estación Coquimbo, donde se aprovisiona con víveres, producto del mar, papaya de la ciudad vecina, algunos Coquimbano, suben al carro de segunda van pal norte.
En el carro de Primera Clase, se embarcar un Lord Ingles. , el vapor de las calderas cubre Calle Aldunate, pleno centro del puerto, los pasajeros miran esa hermosa plaza costera, tierra de Changos y Corsarios.
Pronto estarán en la Ciudad vecina de La Serena a pocos kilómetros de Coquimbo los pasajeros del lado izquierdo van mirando el paisaje costero, aun no amanece, ven reflejado las luces del Puerto de Coquimbo en la mar de la playa changa.
El tren llega de madrugadas a La Serena Ciudad Colonial, aún el gallo no canta 5 .15 am, de las penumbras del Campo Santos de las alturas de La Serena, bajando raudamente un Carruaje tirado por cuatro caballos negro, con adornos de cuero negro con incrustaciones en plata, el cochero de un negro lustroso entre tanta tonalidad oscura solo se ve su leve sonrisa, el cuello de su alba camisa, es Judas el cochero.
Juan Bartolo Cruces Caídas de elevada estatura de una fina estampa, sus ojos intimidan al verlo da un escalofrío, su rostro se asemeja a una calavera con la piel que esta adherida al hueso, sus manos huesudas la izquierda va un anillo de oro con un rubí, en su mano derecha sostiene una pipa en forma de calavera de marfil, que se la lleva a su boca el humo cubre su rostro, solo se ven sus ojos que hipnotiza a quien mira, es el mismísimo Demonio.
Lleva un bastón con la imagen de una serpiente, en oro con ojos rubí, un anillo con el rostro de la calavera en las cuencas de los ojos dos esmeraldas en su mano izquierda, un reloj con cadena de oro, que está oculto en un bolsillo de un traje de un negro no descriptivo solo brillan algunos eslabones de oro.
Sobre su hombro una alforja de cuero con su nombre en plata JB, en su interior, solo él sabe lo que contiene.
Hilda le llama la atención este pasajero enigmático.
Juan Bartolo, se da cuenta de la mirada de Hilda, ve la hermosura de esta enigmática mujer que se subió en La Estación de Ovalle, el quiere poseer a esa diabla, él se siente atraído por la belleza exótica de Hilda.
Del Valle de Elqui un Pseudo Profeta, solo llamado El Cristo del Elqui, Domingo de apellido Zarate oriundo de la localidad de Vado de Morrillo Rio Hurtado que vestía una media luna sobre su cabeza… una túnica, de un color entre un blanco que alguna vez fue alba, delgado alto de 1.75, de barba cabello largo que se asemejaba a Jesús, muchos decía que se escapo de una casa de orate de Putaendo, pero era sincero en su hablar de su boca salían predicas, sermones, bendiciones alabanzas a su Padre el Señor Dios, con tres discípulos, dos mujeres, las damas eran trabajadoras del placer escucharon el sermón del Cristo Elquino, sobre el encuentro de María Magdalena con el Nazareno, quien con sus cabellos, seco los pies después de lavarlos, masajearlos con finos aceites, perfumarlos al Maestro Jesús el Cristo.
Un hombre un penitente, que estaba pagando sus errores en una cuerva al interior del Valle de Rio Hurtado, de nombre Sabatt del Rosario, sin luz en sus ojos amigo de Infancia de Domingo, Zarate a los Arrieros con sus rebaños antes de ir a la veranadas al otro lado de la Cordillera chilena, iban a su rancho a pedir la bendición de este Cristo Criollo de Rio Hurtado, para ellos era Nuestro Señor El Jesús el Jecho, en cierta oportunidad en la Plaza de Ovalle, en un árbol cercano a La Iglesia San Vicente Ferrer, se lanza al vacio, su rostro y cuerpo besan la tierra Ovallina, se dio un hocicaso en aquella plaza unas de la más hermosa del País.
Él Cristo del Elqui va a predicar a la Oficina Salitrera de este Norte Bendito en riquezas, ubicada en un ojo de agua, en medio de la nada, el administrador es un terrateniente de Fortaleza una Ciudad Puerto al norte de la república de Brasil, de nombre Enzo Cayetano Vahéense.
Es una pequeña Ciudad con todos sus adelantos para aquella época, al interior de Iquique, allí están esperando un acarreo de peones, trata de blancas, para una Burdel de esta oficina, cuya regente Doña Dolores Encarnación de Las Mercedes, llegada de la Ciudad de la Paz (Bolivia).
Herminio tiene una querida en aquella Oficina, que lo espera. El es matón de aquel burdel, todo le tienen miedo a sus puños, a su corvo mortal, que ya tiene la sangre en su filos de varios parroquianos de Incahuasi, Inca de oro, de las salitreras nortinas y también del puerto de Coquimbo , también un caserío más al norte Punta de Rieles, donde se enfrento al mismísimo demonio, Don Satán.
Para septiembre tiene que estar en aquella oficina, con ese Sol abrasador, esa luna fría que congela la sangre por esas noches.
Herminio no se imagina la cantidad de parroquianos que va pal norte.
Casi la mitad de los pasajeros se dirigen al desierto más seco del Planeta, Pampa del tamarugal, sus napas subterráneas reciben aguas de los inviernos del altiplano, en los veranos, por aquellas lluvias milagrosas, sobreviven pequeños vergeles en el desierto más seco del planeta.
Este Coloso a vapor lo dejara en La Estación Lo pintado.
Desde allí a buscar las Oficinas Salitreras, algunos bajaran a Iquique.
La administra el Sao Paulista Enzo Cayetano Vahéense un hombre elegante violento de 35 años. Su bastón oculta una hoja de un filo, que corta, hasta un árbol de un certero golpe, en su abrigo oculta un revolver, un cargador de doces municiones de oro… las balas van marcada con el rostro de una calavera, una escritura que dice “Bienvenido al Infierno ja ja ja”.
Su dueño, la gano en una partida de naipes en un Burdel de Iquique por el año 1940.
No es de confiar, Lucia Vera lo conocía de Sao Paulo donde eran amantes, ya que con los dos tienen compromisos sentimental, cada dos años regresaba por breve tiempo a Sao Paulo, en uno de esos viajes, la invito a su nueva adquisición una Oficina Salitrera, Enzo le obsequio una nueva Oficina llamada El Delirio.
Ella será La Reina de esta Oficina El Delirio, pero ella quedo prendida de José Santos, con su encuentro pasional en La Casona del Tomate en Huatulame.
Le comenta que lo invita a participar, con ella de la administración de aquella oficina en la Pampa del Tamarugal, a partes iguales.
Lucia Vera nacida de Sao Paulo, pero vive en fortaleza, ve la sequedad del paisaje, llanuras de tierras inhóspitas, busca con la mirada a José Santos, aun recuerda su encuentro en La Casona del Tomate de Huatulame, le llega el aroma de esas empanadas afrodisiacas, y el aroma de Santos, que la llevo a las puertas del paraíso, donde se amaron con locura carnal.
Ella tuvo una regresión llegaron a su mente recuerdos de su vida hace 400 años hacia atrás, un plebeyo intocable para ella era. Ella de la corte real de Portugal de alta alcurnia.
Se le acuso de herejes, fueron condenados a morir en la hoguera por La Santa Inquisición, que de santa solo tenía el nombre.
Fueron quemado, sus lamentos de dolor e impotencia retumban, en aquella plazoleta de Lisboa… maldicen a los presente a sus descendencia a las penas del Dios verdadero y no al Dios castigador, el Dios del amor, tienen la seguridad de su reencuentro para vivir su amor único verdadero.
Frente a frente mirándose como sus cuerpos arden con gritos desgarradores, su piel es consumida con dolores espantoso, ellos hasta el último aliento se juraron amor eterno en un Puerto de Portugal en el año 1549, en el año de de nuestro señor Jesucristo.
Ellos al encontrarse en aquel encuentro que Lucia Vera, llega a los brazos de José Santos, al ver esos ojos verde limón su pupila se reencuentran en aquella ruta por los valle Limarino cercana al Puente La Mostaza, centurias más centurias, saltan de un brinco a ese instante, que se cristaliza con aquel beso robado por José.
Con aquel beso de súbito se ven en aquella hoguera maldita, ven a los culpables de la corte de La Santa Inquisición, ven a un hombre, una mujer cómplice de aquel crimen doble por la ignorancia, poder de La Santa Inquisición.
Aquel hombre su mano le acaricia el cabello, solo se ve un anillo de calavera con esmeraldas en sus cuencas, a una mujer con un rosario, con el Cristo invertido en la cruz en su pecho, observa a los enamorados que mueren de dolores atroces, mirando a los culpables, ellos son inocentes.
Que no los dejaron que se amaran, para ellos era un amor maldito, Ella lo desea como hombre en reencarnaciones se amaron en forma salvaje.
El Jefe de Estación, hace sonar una gran campana de bronce, del tiempo de la colonia
Y grita
_¡¡ < Pasajero al Tren!! >_
Comienza Bramar el Caballo de acero, Juan Soldado a la vista, se comienza a distanciar de la costa pronto llegaran a la Estación Almirante La Torre en la misma desolación, la aguada se mezcla con el vapor expulsado por aquella maquina 379.
Flota entre nubes, más al norte a la lejanía divisa un mineral de fierro, llamado El Tofo, donde sus habitantes viven colgados de las nubes de las alturas, de lejos la gente cree que viven en la nubes, allí está la cordillera de la costa, rica en minerales de hierro cercana a la Ciudad de los Cien Campanario.
Las Tres Cruces en plena desolación, se ha dormido en el tiempo, unas cuantas casas, soportan airosa el paso del tiempo, ven pasar aquel Coloso de acero, cual espejismo de la nada.
Lentamente dejan a sus espadas aquella loma con Tres Cruces, su túnel de tramo corto, donde los parraquianos relatan pequeñas historias, que resaltan con aquel celeste luminoso único, de aquel Norte Chico.
Las líneas de acero, encandilan con la incandescente luminosidad solar sobre ese árido paisaje del desierto chileno. Aquel Coloso de acero lleva al grupo de pasajero al poblado de Incahuasi, Cachiyuyo, por la Pre Cordillera se interna rumbo aquel desierto misterioso.
Helena mira la sequedad del aquel paisaje, se pregunta porque estoy aquí.
Ella está en trances hipnóticos por Los Arkheí de La Ciudadela, le tienen una misión.
Ella era una replicante de Los Arkheí, que tenía como finalidad seleccionar e enviar a La Ciudadela algunos pasajeros de aquel místico tren 379, los acontecimiento por suceder son inexplicable , para los transportado desde aquellos vagones a un futuro incierto.
Los acontecimientos serán un misterio para la compresión humana.
Capitulo
V I
Estación Desolación, un letrero pregona a los cuatros viento su nombre, lo columpia por los cuatro puntos cardinales, un remolino del demonio, que eleva la tierra, sedienta que grita con dolor por unas gotas de agua.
Un esquelético perro ladra, en cada ladrido, un minuto de su existencia se le va.
En aquella Estación sube una buena moza, de nombre Soledad de Los Ángeles Atenautey, de cabellos rasurado, con una maleta de cuero café (en su interior van sus hábitos de religiosa), con un pequeño bolso naranja, naranja como su traje que entalla su figura seductora provocadora, labios pequeños como una frutilla en tono rojo, en su cuello un rosario, con algo que nadie comprende, el Cristo de la cruz esta invertido, aros de media luna en lóbulo de sus pequeñas orejas… es morena bronceada, una mirada de aquellos ojos pequeños verdosos, como las hierbas al roció.
A simple vista se trasluce sus líneas carnales su breve cintura, hacen resaltar su hermosa retaguardia, su demás dotes son celestiales... nadie sabe lo que busca, es un misterio.
Juan Bartolo, la observa de pies hasta su cabeza rasurada, cuerpo lleno de curva de placer, ella de reojo mira su rostro de una extraña delgadez.
Unos vendedores de tortillas al rescoldo con chicharrones, chicha de mollaca, queso de cabras, charquis, panes de higos harina tostada nueces,
¡Gritan sus mercaderías ¡
Lord Zoilo Butterfield, camina con movimientos felinos, para estirar sus piernas acalambradas por el viaje, respira hondo observa, a una viejecilla que nadie ve.
Doña Desideria, con su piel reseca, con mas arruga que su ropa negra, su gato negro en su falda, no se sabe quién tiene más años, el gato o ella, una pequeña maleta de cuero café esta a su costado.
Ve pasar el tiempo sentada cerca del andén en una banca gastado por las décadas.
Mira con esos ojos cansados de tanto buscan entre los pasajeros a su hijo Juan Pedro Giménez, se fue en un enganche a las salitreras por allá del 1903.
La última vez que supo de él fue en 1907, que le dijeron que bajaron a Iquique, solo el quiltro la ve, para los demás es un ser invisible, una aparecida en el andén del tiempo.
Un suspiro deja escapar de su alma, late lentamente su cansado corazón, su mirada se pierde en la lejanía de la soledad.
Ha visto tantos acontecimientos por aquellos rieles pulidos, por el roce del acero por acero.
Ve avanzan lentamente hacia el norte los trenes cual espejismo desaparece en un lago imaginario en el horizonte árido en la inmensidad de la nada, pero este Tren 379 será diferente, la vida trae sorpresas.
Lord Zoilo Butterfield, se acerca a la dama en su mirada ve su profundo dolor, pregunta,
__ < ¿estimada Señora en que la puedo ayudar para aminorar su pesar? >__
Ella dice;
_ < Mi caballero lo que deseo antes de morir, es abrazar a mi Juan Pedro, que se fue pal norte, nunca más volvió >_
_ < ¿Su nombre my beutiful Lady? >_
_ < Desideria Tapia mi señor >_
_ < ¿Ud quiere ir para el norte? > _
pregunta Lord Zoilo Butterfield.
Ella mueve su cabeza dando un sí.
_ < Nos vamos al norte my Lady >_.
Lord Zoilo Butterfield se dirige a la ventanilla saca un tickets para la Estación Lo pintado, le da un fajo de billetes para gasto a la anciana Desideria Tapia.
Le dice _ < yo seré su sombra le aseguro que vera a su hijo lo tendrá en sus brazos > _.
Y le dice _ < vamos en busca de su niño Juan Pedro >_.
_ < Subamos al vagón los tres viajaremos, en la buena sombra del Tren 379 >_
Sra Desideria Tapia toma su maleta de cuero café, Lord del brazo sube a aquella viejecita, con su gato el negro.
Toca la campana de bronces rumbo al norte grande, ella sube sorprendidas sus ojos recuperan un brillo, dulce sonrisa se dibuja en su rostro, acaricia a su negrito.
Lord Zoilo abraza a la viejecilla, ella a su gato el negro, como la oscuridad de la noche sin luna, ya tiene un brillo en su mirada, sus labios sonríen.
Helena va pensativa aun no comprende porque viaja en aquel Tren, ella dialoga con un chaman que reconoce su jerarquía de linaje, Lucia Vera su instinto de Bruxa, siente que algo va a pasar con Helena, ellos la van a proteger. .
José Santos presiente un gran peligro que se aproxima galopando por los caminos del tiempo.
Aquella maquina de acero, que con la fuerza del vapor, mueve sus músculos acerado por la desolación de la sequedad nortina, en sus vagones de pasajeros van ellos.
Los que no saben, es que le espera en los días venideros. Lucia presiente que algo insospechado, lo espera más al norte.
Estación Desolación, un letrero pregona a los cuatros puntos cardinales su nombre, el vapor en los cielos hace figuras caprichosas, el Tren se pierde en el horizonte de aquel norte reseco.
Capitulo
V I I
Hilda Salfate Salvatierra, se va a baña en el carro toilette donde hay tina de baño con patas de león de acero esmaltado, allí ella se despoja de su ropaje, quedando desnuda, una piel de seda poca veces acariciada, su sirviente espera en la puerta para que nadie interrumpa su aseo diario.
La belleza de Hilda es virginal, es una diosa del Olimpo, una belleza que no se puede describir con palabras, en ella emana aromas a cielo, es un ángel en la tierra.
Fino Jabón limpia la piel de Hilda, sus manos suaves, pasan con delicadeza por toda su desnudez.
De pronto lo inesperado El Misterioso Juan Bartolo, esta frente a Hilda.
Con su mirada maligna, recorre de cabeza hasta los pies toda la humanidad de la bella Hilda, sus senos suaves, son pezones de una virgen, fresco joviales, llanuras no explorada, más abajo el ombligo iluminado con un brillo de un rayo blanco, es un diamante, su piel brilla por los rayos del Padre Sol, parece mármol su cuerpo de mujer, por su suavidad, blancura.
Por la ventana, unos cuantos rayos solares, penetran iluminado a esta virgen desnuda, más abajo lo sagrado, un bosque húmedo de un rojo fuego, que esconde el santuario sagrado, la matriz de la humanidad, ella mira con rabia, al misterioso acosador, Hilda Salfate Salvatierra; grita, lo insulta le sale una concha de su madre.
Se cubre su desnudez rápidamente con sus manos de garza que alza su vuelo cubre sus joyas naturales.
Eugenio Venero con la velocidad de un ninja, se interponen entre Hilda y Juan Bartolo el cual se esfuma, Eugenio Venero regresa a la puerta, el había visto su desnudez muchas veces a su ama, ya que le ayudaba en su aseo diario, la jabonaba en aquellos lugares que ella no alcazaba.
Con sus manos masaje Chau kan le realizaba.
Se seca, se viste su cabellera leona de un rojo de fuego, ilumina todo el vagón con el tono rojizo, con sus ropas exclusivas llegada del país del sol naciente de fina seda, kimono de cerezos en primavera, sale del baño más hermosa que Geisha Japonesa.
Todos se dan vuelta, para ver esa belleza con su caminar cadencioso, por el pasillo del carro de primera.
Sentado con su pipa de marfil con el rostro de una calavera Juan Bartolo envuelto en una nube de tabaco de Catemu. Hilda lo mira con ira, lo insulta por su atrevimiento de aparecer en el cuarto de baño, verla en su esplendorosa desnudez total.
Ramón la observa él esta prendido de aquella mujer bella, se la come con la mirada, es un escaneo de deseo, a cada segundo el más se siente atraído por Hilda Salfate Salvatierra.
Capitulo
V I I I
Le llega un mensaje a José Santos, de sus ancestros animas. Hombre cuida tu centro de conexión, estas disipando tu energía cósmica con Lucia Vera con ella va a cerrar un ciclo, todavía te faltan muchas pruebas que tendrá que superar, tu ya regresarte de la muerte, pero aquello fue tu enseñanza
<__En Vallenar te vas a encontrar con Maribel de Trehualemu, hechicera del sur de Chile del bosque húmedo, ten cuidado José Santos, ella te va a robar tu corazón por un te quiero__>
<__ Aun no comienza tu aventura, después de salir de La Ciudadela ya nunca más serán los mismos, serán instruidos en nuevas técnicas de otras Galaxias__>.
<__ Tienes que mantenerte alerta, sintoniza bien tus flujos magnéticos vórtices, conectados a tus raíces de ánimas, José__>.
<__ Tu hermano Juan de Las Rosas, ya se está preparando en Omega en técnicas superiores, el será tu nuevo Maestros, focaliza tu Luz en beneficio de la nueva humanidad__>.
<__Tendrás muchos Maestros, pero el Maestro Principal eres tú, en ti esta el conocimiento del Chaman de Las Ánima__>.
< __ Tus anclajes tienen que vibrar con la respiración de la Pacha… Allí está tu totalidad, tu herencia esta en portales oculto Chaman José Santos Araya, de la quebrada de Litipampa_>
<__Eres hijo de la tierra, en ti vive, la naturaleza, las aves del cielo, y los animales de la tierra y los oceanos__>.
<__En tu visita al inframundo, te educaron los chamanes ausentes__>.
Replico su Ancestro Anima desde el inframundo.
Una vegetación mínima sus ojos contemplaban, los habitantes sentados afuera de sus puertas ven pasar los días.
Los pasajeros a través de los rectángulos de las ventanas, ven como se le van cambiando las postales del norte chileno.
Ellos ven el Tren una vez a la semana rumbo al norte, observan morir la tarde en el horizonte, tras esas llanuras desérticas donde viven los lagartos, serpientes, aves carroñeras, y llega la hora de la oración, y se oscurece ese cielo, billones de estrellas, salen a sonreír a la noche desértica.
Domeyko es un poblado con pocas casas, donde sus pobladores, se mueren por la soledad, de vejez, donde los mascota son más viejos que sus dueños, o los animales eran los dueños de sus amos.
Se detiene por breve minutos en aquella Estación de Ilusión, continua su viaje a Vallenar.
Soledad de Los Ángeles Atenautey , con su cabeza rasurada, el calor la sofoca, quiere mojarse, en una puerta ve un lavador con su pichel enlozado, penetra a ese pequeño toilette, deja caer ese traje naranja , comienza a humedecer su piel sedosa, ese liquido refrescante , la llena de éxtasis, con el movimiento de aquel tren con sus vagones de aquel verde oliva, que esta camuflado con el polvo del camino , nortino.
El Cristo de Elqui, levanta su vista de la Biblia, ve esa tentación a los sentidos, los deseos lujuriosas le gatillan su cavidad craneal, por lo que de forma inesperada, por designios del destino, ve un Ángel con su cabeza rasurada, ve su piel canela, con su desnudez humedecida, con el agua que refresca su sofocación con sus manos de delicada fragilidad, aquel rosario con un Cristo en la cruz de manera invertida.
El Cristo de Elqui entierra su mirada en los Cantares, pero no puede sacarse de la cabeza, la visión celestial de Soledad de Los Ángeles, en aquella imagen de provocación, somos títere del deseo piensa, pero mi fe en Dios todopoderoso es superior a la tentación de la carne.
Un nuevo movimiento, se cierra la puerta, Soledad no se dio cuenta que fue observada en la intimidad, su cuerpo ahora está en los deseo, en las neurona del Cristo de Elqui.
A las manos de Ramón llega una guitarra española, quien comienza a sacar notas de esa hermosura con silueta de mujer, Herminio comienza a cantar Tango del zorzal Carlos Gardel, silencio en la noche todo está en calma el musculo descansa, son la letras del tango.
Los tres Hermanos Araya, tenían un distintivo su dedo meñique, quien sabe porque razón o circunstancia, apuntaban hacia el centro de su palma.
Lucia Vera, quiere música para interpretar en portugués, una canción que su abuela le cantaba en Matto Grosso.
Ramón le pide la entonación, comienza la interpretación de la canción de los esclavo africano traídos por los portugueses en el tiempo de la colonia.
Unos guanacos corren por las serranías, los sonidos de aquellas ruedas de acero sobre esas líneas de plata, resuena por Atacama.
El trayecto será interminable, lentamente se van internando en el desierto nortino…
Muchos pasajeros bajan de los vagones, caminan a su costado, a la sombra del tren 379, es tan lento su andar que muchos dejan atrás a la locomotora, con sus carros.
Los tres hermanos van adelante, las damiselas sé quedaron en los carros de primera clase, Lord Zoilo Butterfield camina en forma felina, su terno Ingles esta empolvado por los tierrales mistrales de los desiertos desolados.
Juan Bartolo su estampa se mantiene siempre impecable, el viento el polvo no lo toca.
El Cristo del Elqui con sus discípulo levitan sobre el camino pedregoso, pronto los zapatos de suela, de cuero negro se llenan de tierra de la sequedad, las piedras del camino en ascensión van gastando las suelas de los calzados de los caminantes, de pronto llegan a una Estación donde habita la desolación, penan las animas.
Un par de arboles luchan por sobrevivir con la misericordia de un buen samaritanos, por unas cuantas gotas de agua, en aquella sequedad del infierno.
En el horizonte un ocaso del día ante la vista de aquel grupo de afuerino en tierra Atacameña.
El vapor de la maquina 379 baja por los suelos, ese tren rumbo a lo inesperados parece flotar, entre nubes vaporosa en los altos cielos.
Se acerca la mujer rasurada, toma su rosario con el Cristo invertido.
Comienza una letanía de rezos celestiales, Zarate con Sabatt del Rosario, El Cristo de Elqui entra en lujuria, no logran concentrarse por esa mujer que es hermosa sus atributo saltan a la vista, su túnica naranja deja ver su piel bronceada, parte de su cuerpo se logra ver, a pesar de su túnica un escote deja ver sutilmente sus pezones dos lunas oscuras, en una noche oscura , su retaguardia que atrae las miradas por su diminuta cintura es una fuerte tentación sexual, resucita a los caídos.
Intenta leer una gigantesca Biblia, pero su mirada se va a la silueta sexual de aquella mujer de naranja de nombre Soledad de Los Ángeles que él la vio desnuda en la toilette del vagón.
En su mente está la desnudez de aquella chica, su piel canela, con aroma a sándalo, el por circunstancia del destino, o aparición celestial, la vio radiante, además ese vestido naranja, hacían que su corazón, latía al mismo ritmo de aquella Maquina a Vapor 379.
La deseaba a aquella señorita Soledad de Los Ángeles, quiere exiliarse en su piel canela, arribar a su isla de los placeres, encallar en sus playas de finas arenas, Sabatt por ser no vidente, los aromas de aquella hembra retumban en sus sentidos, en sus neurona la imagina como un ángel terrenal con aroma a cielo..
Lee en voz grave unos versículos de Los Salmos, pero su fe se está derrumbando por aquella piel canela, Sabatt del Rosario, se da cuenta que su maestro o pastor ya no es el mismo, en su interior está ocurriendo una lucha titánica de la espiritualidad y la lujuria carnal.
En el Crepúsculo de la Pampa Nortina en el horizonte la silueta del tren se sumerge en espejismo de colores por el ocaso de aquel día.
Soledad de Los Ángeles, esta donde se unen los carros, el único sonido existente son las ruedas de acero sobre aquellos rieles, que brillan al ocaso de la oración, de pronto escucha una respiración a su espalda, ella gira rápidamente.
< __ Ud que hace en mi proximidad, invade mi intimidad __>
El Cristo del ELqui, pide disculpa gira, regresa a su asiento enfadado por aquella parada de carros de Soledad de Los de Ángeles Atenautey, por su proximidad.
El Cristo del Elqui, no puede eliminar de sus pensamientos a Soledad, la ex Monja excomulgada por su actuar maligno, ella es discípulo de Juan Bartolo.
Es una tentación para los sentidos carnales de aquel Cristo del Elqui que está en trance por la belleza, sensualidad de esta mujer con sus cabellos raspada al cero, en los lóbulos brillan sus aretes de plata en forma de medialuna, obsequio de un amor juvenil un joven orfebre de la plata de Los Valles Escondidos, esas rocas azulinas con estrellas de oro de la Región de Coquimbo de la zona de Tulahuén.
La Maquina 379 como un ciempiés avanzando por la sequedad inhóspita del Desierto Nortino el más seco del planeta.
Ya se aproxima a la Ciudad de Vallenar, allí van a realizar una parada de 24 horas, ya que entrara a la Maestranza por reparaciones en su caldera.
Allí van a pernotar los pasajeros en una Pensión de Vallenar, el dueño es un gordito de Chillan Viejo, de apellido Gatica, con un sinfín de trabajadores la mayoría de La Región de Coquimbo.
Capitulo
I X
Arriban a Vallenar, a las 8.30 de la mañana bajan los pasajeros uno a uno, caminan por los andenes de aquella Estación nortina.
Guatón Gatica es un regordete bueno para la buena mesa, blanco con unos tonos rojizo, de cabellos canos, ojos claros, en su labios carnoso un cigarro que no se consume esta sin encender, su estatura no es muy elevada, metro sesenta, con su delantal de mezclilla con borde de cuero con su cuchillo de chef que fue un obsequio de unos amigos de La Maestranza de Los Mantos de Punitaqui, una piedra de asentar en un bolsillo.
En la Casa de Hospedaje Gatica, son las mejores picadas de la ciudad, en su Boîte se ven los mejores filetes del país y filetes internacionales.
Desde la Estación, los encamina a su Casa de Hospedaje Gatica…Gatica Fernández, dueño de aquel lugar, y de la Boîte.
Recibió un telegrama enviado desde Incahuasi anunciándole que tendría que tener alojamiento, desayuno, almuerzo, para los pasajeros y el personal del Tren 379.
El tren tendría que arribar a las 8,30 hrs, le envían un listado de la cantidad de personas para pernoctar, así que el hombre estaba preparado para recibir aquellos pasajeros en Casa de Hospedaje de nombre Gatica.
Hay una joven de San Fabián de Alirco de nombre Violeta de apellido Viñedos, con su compañera una guitarra, ella está contratada por un par de noche en La Sala de la Boîte, igual una vedette mulata de nombre Adriana de la selva amazónica.
Norma Ferrada la maestra del sur de Chile del Carmen, cercano a Chillan , en la cocina prepara lenguas nogadas, huachalomo, lomos vetados, arrollados, prietas con nueces, las papas a la huancaína, ensaladas a la chilena, ensaladas de porotos verde, de betarraga, choclos cocidos con mantequilla, su especialidad comida árabe, Gatica mando azotar a los locos de la costa.
El pan amasado, las empanadas en aquel horno de barro eran unas tentaciones culinarias, las infaltable Tortillas al Rescoldo.
Unas cuantas damas juana de 15 con un traje ceñido a su cuerpo de mimbre.
La mansa fiesta comienza a medio día, no hay sequia de alcohol ni de comida, el Dios Baco está invitado a aquella fiesta donde el Guatón Gatica Fernández es el anfitrión, nacido en Chillan Viejo es un exiliado del sur en el norte.
El vino tinto tiñe el entablado con olor a parafina, nace un nuevo aroma entre parafina con vino, un aroma embriagador que enciende los sentidos carnales.
Los parroquianos piden, Pilsen por metro cuadrado, unen dos mesa se llena de dos metros cuadrados pa la sed, dice Herminio Araya Araya.
Un garzón, de apellido Casanga oriundo de la localidad del Huacho, este garzón es amigo de Gatica, cuando este vivía en El Alba un caserío entre los límites de Pueblo Nuevo con Los Mantos, cercana a Punitaqui.
El garzón con su mantel en su brazo dice a los pasajeros.
“<_Casanga para serviles_>”.
Trae un saco de cáñamo con hielo, llena un tarro de carburo vacio, allí las Pilsen se hielan en glaciares de la cordillera Copiapina.
En una mesa el Ingles Lord Zoilo Butterfield, engulle un bife a lo pobre, este ingles medio obeso le gusta el filete revolcado en un par de huevos dobles, bebe un Whiskey escocés envejecido, luego pide un lomo de ¼ a un punto ¼ de asado un casillero del diablo merlot a 24 grados.
Vestido elegantemente, observa con su mirada felina, mueve sus grandes cejas y bigotes, examina minuciosamente cada rincón del salón en su mesa lo acompaña Doña Desideria Tapia, con su gato negro llamado negrito, en busca de su hijo Juan Pedro.
En la pasarela una mulata hace su show, debe tener 21 años, su cuerpo es fibra, piel de ébano con aroma a cachaza, a palo santo de ojos negro como su piel, sus facciones son de muñeca de porcelana, un físico monumental, busto firme de un par de aureola que asemejan a un par de luna llena, con un amuleto una joya en forma de pantera en verde jade de la amazonia en el ombligo, una cintura diminuta, caderas amplias como dice Herminio,
<__ esa hembra tiene buenas ancas, un derreire o trasero que atrae la mirada, un culón de fierro por su dureza __>.
Desnuda de pies a cabeza, solo un velo que cubre su espalda, alza el vuelo la hace ver como una mariposa del desierto.
Adriana de apellido Texeira dos Santos, ella es una amazona, termino su rutina en la Boîte del Guatón Gatica, los parroquianos se le salen los ojos de sus cuencas hay aroma a deseos lujuriosos.
En la barra del Bar se está sirviendo un vaso de cachaza con jengibre, cúrcuma, miel de Espíritu Santo un Caserío cercano Canela baja, con anís estrellado receta del Guatón Gatica que lo tenía madurando de hace un par de meses.
Herminio Chaman de las ánimas, de tono cobrizo, su ropaje es de un negro riguroso, una camisa de color rojo, su rostro de una seriedad de verdugo, cicatriz en su lado izquierdo, compañero de mil batalla, es un luchador de mil peleas, de puños de acero, su corvo reluciente al cinto, ojos de halcón conocedor de los secretos ocultos en los inframundos.
Ve el aura de Adriana, la invita a su mesa ella desnuda se acerca su respiración es erotismo, pasión, belleza brasileña.
Adriana mulata le pregunta por esa cicatriz, el responde parcamente.
<__ Por cortar una flor en Punta de Rieles, que tenía dueño__>.
<__Ella pregunto por el dueño de aquella flor,__>
él le dice
<__esta bajo tierra en la pampa en un poblado llamado Punta de Rieles cercana al campamento de Chuquicamata era el refugios de cesantes con su cutamas, eran facinerosos, semillas de maldad.
Tengo su recuerdo en mi rostro, __> exclamo Herminio.
José Santos Araya Chaman de ancestros animas, en su adn esta la sabiduría perdida de los primeros pueblos precolombinos… Observa a los parroquianos empolvados, bailando las cuecas de Violeta Viñedos, de pronto en medio de la pista de baile un remolino, aparece Juan Bartolo, el mismísimo demonio de punta y taco, un clavel en su solapa de rojo sangre, saca a bailar a la Violeta trenzas de sauces, ella lo mira fijamente le dice ud, bajo de los altos cielos o subió de la profundidad del infierno su rostro, es una calavera con piel adherida, o de un campo santos es una anima errante.
Él le dice
<__ ¿Violeta porque das la gracias a la vida y luego actúa en forma irracional?__>
Ella queda sorprendida con su pregunta.
(Ella en tiempo futuro en su carpa de La Reina por abandono y tristeza, se volara los sesos de un tiro).
En un rincón en una pieza en oscuridad, a pesar que es medio días , hay en una botella una vela, que alumbra su belleza, sus cabellos largo con ondas como el oleaje de las playas de Cobquecura tierras de lobos marinos , de buenos maricos, ella residió en aquella hermosa caleta del sur de las tierras húmedas del Bio Bio, ahora en aquel salón de baile está esperando un presagio , se conecta a la tierra , medita, esperando lo señalado por los oráculos, pronto invade su zona áurica , un hombre José Santos Araya,
<__ a ud la conozco hechicera de los bosque húmedos__>.
Maribel dice
<__en ud emana una gran energía, ¿quién eres? __>.
José Santos Araya, contesta
<__un emprestado de los inframundo__>.
< __Seremos amantes chamanicos, no sé que tiene tu mujer del sur, en sueños ya te ame, antes de ser uno solo, ya te había acariciado, mujer de los bosque húmedos, se quién eres Señorita Maribel de Trehualemu__>.
<__Pero ahora nuestra misión es penetrar a La Ciudadela de Tololo Pampa, allí los Sabios nos darán a conocer, los oráculos y La Biblioteca de la sabiduría de la humanidad__>…. Dice Maribel
La fiesta continua, el polvo son nubes en aquel salón al aire libre, comen, beben, como se aproxima el fin de los tiempos.
Vasos vineros chocan por los aires, igual que las talcas cuando chocan los vientos en los altos cielos.
Baco entre los parroquianos, bebiendo, comiendo es un banquete bacanal, una orgia culinaria.
Ramón Alberto, saco su colt con empuñadura de marfil, dispara al aire,
y grita
< _¡¡A Dormir en la reposa hueso, mañana será un gran día, a moverse condenados ¡¡_>.
Cada parroquiano toma rumbo a sus aposentos, ebrios con la guatita llena. Hilda, Lucia Vera, Maribel, Adriana, Desideria, Soledad de Los Ángeles, Helena Denis Tamango Huanchicay, José, Ramón, Herminio, Juan Bartolo, Venero, El Cristo del Elqui con sus discípulos, Lord Zoilo.
Un par de pasajero de aquella Residencial Gatica, duerme cómodamente en catre de bronces, con libros de lana de oveja de la Hacienda Tangue, frazada de hilado de lanas de una artesana de Los Valles Escondidos de Monte Patria, una colcha española.
La noche es tranquila los grillos le cantan a la luna coqueta, se escucha las sinfonías del rio, el silencio solo es testigo del trascurrir del tiempo.
En el final del corredor humo de tabaco envuelve a dos personas que dialogan en la oscuridad, solo se reconoce la pipa en forma de calavera, ese saquito de tabaco de Catemu, se ve sutilmente un retazo de tela de un color extraño.
Amanece, su geografía tiene similitud con la Ciudad de Ovalle.
Despiertas se bañan otros se lavan en lavador enlozados, Ramón se rasura con su navaja que la afila en su cinturón, Herminio usa su curvo, Lord Zoilo con su hisopo se pasa espuma de jabón para la hoja rasure suavemente…
Tiene una cajita de bronces de marca Gillette que arma, comienza la ceremonia de afeitarse…
Las Damas se embellecen más allá de su belleza natural.
Rumbo a la Estación se dirigen a pies, la distancia es de una cuadra, la feminidad de las damas son flores del desierto florido por las calles, las bellezas de Vallenar son flores del desierto florido, su piel sus rasgos de una belleza de piel entre la sequedad y el verdor del Norte Chico, el sol de la mañana ilumina su rostros su cuerpo por completo, allí va el grupo de aventureros rumbo a lo desconocido.
Nadie sabe, lo que la espera más al norte sus miradas se extravían en aquel horizonte crepuscular.
En la Estación esta todo preparado para continuar el viaje, a Lo Pintado se le agrega un carro aguador.
Pasajero a bordo, El Guatón Gatica Fernández obsequia a cada pasajero una botella de pajarete trago oriundo de la ciudad de buen sabor del Transito...
Comienza nuevamente a subir esa pendiente de aquella Ciudad entre ese verde del norte chico con el desierto con su magia con misterios, rumbo desconocido.
Capitulo
X
José Santos Araya, fuma un alucinógeno, inmediatamente el éxtasis de los desconocido se le proyecta frente a sus sentidos, escucha una voz de La Ciudadela Omega, encapsulada en el tiempo, el protector Andromedano, mira también a un Ente Amorfo que tendrá una misión, ambos son los Jueces de La Ciudadela.
José Santos, siente una voz, encapsulada en el tiempo, es su hermano Juan de Las Rosas, el no se explica porque, su hermano esta allí, Herminio, le relato a sus hermanos su estadía en dicha Ciudadela, es una Mega Ciudad, con artefacto solo leído en los libros de Julio Verne, libros de Ciencia Ficción, futurista, pero hay un misterio por descubrir, porque su hermano continua en esa fortaleza.
Ahora estaba todo al alcance de Herminio, autos voladores, en su piel tenían tatuajes, que eran mini computadora, que se comunicaban entre ellos, telepatía era su principal forma de comunicación, en cada umbral cámara de purificación para que los virus, o contaminación que traen los trasportado a La Ciudadela, sean eliminado.
Herminio en su relato, decía que aquella metrópoli era sustentable, por energías limpias, con cero contaminaciones y desechos, su alimentación era de vegano, había sectores con invernadero para cultivo de su alimentación, con alto nivel proteínico, el h2o se adquiere de napas subterránea de un caudal de afluente del Copiapó.
¿Es real o es solo un mito Tololo Pampa?... se preguntan los incrédulos, pero Los Hermanos Araya tienen la certeza que todo es verídico, para ellos es una desafío volver, por el bien de la humanidad.
Se escucha un silbato todos al tren, el vapor va llenando el andén de aquella Estación nortina, ese caballo de acero comienza avanzar su viaje pal norte.
Soledad de Los Ángeles ágilmente sube al carro de primera.
Rumbo a lo desconocido, el sol ilumina la sequedad todo es desolación, ni un alma cercana a las líneas férrea, en el interior de los carros, hay unos nuevos pasajeros, Emperatriz, Garcilaso y Maribel.
En un carro del Tren Maribel de Trehualemu frente a José Santos, se quita su ruana, su vestido cae como hojas en otoño, su lencería de un rosado suave de fino encajes, cual pétalos de rosas, se deshojan caen, esos pétalos brillan en el piso de aquel vagón y quedó,
¡¡Tan Bella Maribel ¡¡.
Iluminada por el sol de Atacama que penetra por los rectángulos de las ventanas de aquel vagón de tonalidad verde oscuro.
Una leve sonrisa de sus labios de frambuesas hace brillas sus marfiles tan puro con su alma, su nariz respira apresuradamente, bajo la mirada, su piel juvenil, su cabellera de color castaño oculta las dunas sus pechos, sus pezones de niñez en un cuerpo de mujer, debajo de su pupito su nido adonde anidan los deseos mas sublimen e íntimos.
Se recuesta sobre el asiento de cuero café, allí su desnudez, es un delicado bocado, José la abraza, con aquel gesto de tenerse ambos fuertemente ligado por aquel abrazo cósmico, se rompen una rocas petrificadas por traumas infantiles, el acaricia esa piel con una suavidad, para no dañar esos pétalos de mujer, de sus ojos lagrimas se deslizan por su rostro de aquella mujer.
Luego se besan con delirios, el coge esas dunas, ella dice basta, tendremos tiempos para hacer el amor, como debe ser.
La pasión hace perder los cabales, Maribel le da un beso suave, cubre su desnudez, ya es suficiente, a ella le encanta la sequedad, como José que es un Escorpión de Los desiertos, ella una Deidad de los bosque húmedos de la cordillera al interior de Chillan pero ama el norte.
Ese preámbulo amoroso, entre ellos lo deja sorprendido, ambos se deseaban pero ella de súbito, corto esa entrega total, quizás ella sospecha esa relación entre Lucia Vera con José.
En aquel romance de Lucia y José hay una historia, es un romance que se arrastras a través de las centurias que se cerrara al ciclo entre ellos, ya en La Casona del Tomate en Huatulame, ya hubo un encuentro bajos las sabanas de sacos harineros con flores bordadas allí quedo su sudar de éxtasis, fue su paraíso aquel catre que encontraron en una pieza con las puertas abiertas en aquel Pueblo en La Región de Coquimbo..